EL LIBRO DE LA RISA Y EL OLVIDO KUNDERA PDF

Mientras viaja a su casa y regresa, le siguen dos hombres. La madre casi atrapa a los tres en el acto, pero en cambio se da cuenta de que Eva le recuerda a un amigo suyo de la infancia de Karel. Un grupo de avestruces mueve sus bocas mudas vigorosamente hacia Hugo y Tamina como para advertirles de algo, lo que le da a Tamina un mal presentimiento sobre las cartas y los diarios en Praga. De nuevo, Hugo habla con Tamina e intenta decir cosas que le agradan.

Author:Mazilkree Bragor
Country:Nicaragua
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):5 July 2008
Pages:80
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ISBN:178-9-43247-768-8
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Aqul fue un momento crucial de la historia de Bohemia. Uno de esos instantes decisivos que ocurren una o dos veces por milenio. Gottwald estaba rodeado por sus camaradas y justo a su lado estaba Clementis. La nieve revoloteaba, haca fro y Gottwald tena la cabeza descubierta. Clementis, siempre tan atento, se quit su gorro de pieles y se lo coloc en la cabeza a Gottwald.

El departamento de propaganda difundi en cientos de miles de ejemplares la fotografa del balcn desde el que Gottwald, con el gorro en la cabeza y los camaradas a su lado, habla a la nacin. En ese balcn comenz la historia de la Bohemia comunista. Hasta el ltimo nio conoca aquella fotografa que apareca en los carteles de propaganda, en los manuales escolares y en los museos.

Cuatro aos ms tarde a Clementis lo acusaron de traicin y lo colgaron. El departamento de propaganda lo borr inmediatamente de la historia y, por supuesto, de todas las fotografas. Desde entonces Gottwald est solo en el balcn. En el sitio en el que estaba Clementis aparece slo la pared vaca del palacio.

Lo nico que qued de Clementis fue el gorro en la cabeza de Gottwald. Quiere justificar as lo que sus amigos llaman imprudencia: lleva cuidadosamente sus diarios, guarda la correspondencia, toma notas de todas las reuniones en las que analizan la situacin y discuten sobre lo que puede hacerse. Les explica: No hago nada que est en contra de la Constitucin.

Esconderse y sentirse culpable sera el comienzo de la derrota. Hace una semana, cuando trabajaba con su cuadrilla en el techo de un edificio en construccin, mir hacia abajo y le dio un mareo.

Se tambale y se cogi de una viga que estaba suelta. La viga se desprendi y le cay encima. En un primer momento la herida pareca terrible, pero cuando comprob que se trataba de una simple rotura de brazo pens con satisfaccin que iba a tener un par de semanas de descanso y que por fin iba a poder ocuparse de las cosas para las que hasta el momento no haba tenido tiempo.

Por fin les dio la razn a los compaeros ms prudentes. Es verdad que la Constitucin garantiza la libertad de expresin, pero las leyes castigan todo lo que pueda ser definido como subversin. Uno nunca sabe cundo va a empezar a gritar el Estado que tal o cual palabra lo subvierte.

Por eso se decidi, finalmente, a llevar los escritos comprometedores a un lugar ms seguro. Pero antes quiere arreglar el asunto de Zdena. Le llam a su ciudad pero no consigui comunicarse. As perdi cuatro das. Ayer por fin logr hablar con ella. Le prometi que hoy por la tarde lo esperara. Su hijo, que tiene diecisiete aos, se opuso a que Mirek condujese con el brazo escayolado.

Y efectivamente, no fue fcil conducir. El brazo herido se balanceaba, colgando del vendaje, intil e inservible. Para cambiar las velocidades tena que soltar por un momento el volante. Una vez ella lleg a la cita secndose las lgrimas con un pauelo y lloriqueando. Le explic que la noche anterior haba muerto un dirigente sovitico. Un tal Zhdanov, Arbuzov o Masturbov. Considerando la cantidad de lgrimas, la muerte de Masturbov le afect ms que la muerte de su propio padre.

Es posible que aquello hubiera ocurrido? No ser el llanto por M asturbov slo un invento de su rencor actual? No, seguro que ocurri. Claro que las circunstancias inmediatas que hacan entonces de su llanto un llanto creble y real, ahora ya se le escapaban y el recuerdo se haba convertido en algo tan improbable como una caricatura.

Todos los recuerdos que tena de ella eran del mismo tipo. Volvan una vez en tranva de la casa en la que por primera vez haban hecho el amor Mirek comprobaba con especial satisfaccin que haba olvidado por completo aquellas escenas amorosas y que era incapaz de rememorar ni siquiera un solo segundo de ellas. Estaba sentada en una esquina del asiento, el tranva traqueteaba y su cara estaba como ensombrecida, ensimismada, curiosamente envejecida. Cuando le pregunt por qu estaba tan callada se enter de que no haba quedado satisfecha con la forma en que le haba hecho el amor.

Le dijo que le haba hecho el amor como un intelectual. Intelectual era en el lenguaje poltico de aquella poca un insulto. Se usaba para denominar a las personas que no comprendan el sentido de la vida y estaban alejados del pueblo.

Todos los comunistas que por entonces fueron colgados por otros comunistas fueron obsequiados con este insulto. A diferencia de aquellos que estaban firmes sobre la tierra, stos, al parecer, flotaban por los aires.

Por eso fue en cierto modo justo que los castigasen quitndoles definitivamente la tierra de debajo de los pies y que quedasen colgando un poco por encima de ella. Pero qu era lo que quera decir Zdena cuando lo acusaba de que joda como un intelectual? En cualquier caso no haba quedado satisfecha de l y de la misma manera en que era capaz de colmar la relacin ms abstracta su relacin con el desconocido Masturbov con el sentimiento ms concreto materializado en forma de lgrimas , saba tambin dar significado abstracto al acto ms concreto y dar a su insatisfaccin una denominacin poltica.

Nunca dud de que lo seguan, pero hasta ahora lo haban hecho con una discrecin perfecta. Hoy ha habido un cambio sustancial: quieren que sepa que lo siguen.

A unos veinte kilmetros de Praga hay una gran valla en medio del campo y detrs de la valla un taller mecnico. Tiene all un amigo y quiere que le cambie el arranque que funciona mal.

Detuvo el coche frente a la entrada, cerrada por una barrera a rayas rojas y blancas. Junto a la barrera estaba una vieja gorda. Mirek pens que iba a abrir la barrera, pero ella se qued mirndole, sin hacer el menor movimiento.

Toc el claxon, pero sin resultado. Sac la cabeza por la ventanilla. La vieja dijo: An no lo metieron en la crcel? No, an no me metieron en la crcel contest M irek.

Podra levantar la barrera? Se qued mirndolo impasible durante unos largos segundos y luego bostez y se meti en la portera. Se aposent detrs de la mesa y ya no volvi a mirarlo. Mirek baj del coche, pas junto a la barrera y entr en el taller a buscar a su amigo el mecnico.

Ves, eso te pasa por haber salido tanto en televisin dijo el mecnico. Todas las viejas te conocen de vista. Y quin es? Vio a personas que estaban situadas por encima de ella y todo el mundo estaba situado por encima de ella a las que la menor acusacin les quitaba el poder, la posicin, el empleo y hasta el pan y eso la excit: empez a delatar por su cuenta. Y cmo es que sigue de portera? Ni siquiera la ascendieron? El mecnico se sonri: No sabe contar hasta cinco.

No la pueden ascender. Lo nico que pueden es confirmarle su derecho a denunciar. Levant el cap y se puso a revisar el motor. En ese momento Mirek se dio cuenta de que a su lado, a dos pasos de distancia, haba un hombre. Lo mir: llevaba puesta una chaqueta gris, una camisa blanca con corbata y pantalones castaos. Sobre el cuello grueso y la cara hinchada se rizaba el pelo canoso ondulado a la permanente.

Permaneca de pie mirando al mecnico agachado bajo el cap. Al cabo de un rato el mecnico se dio cuenta de su presencia, se levant y dijo: Busca a alguien? El hombre del cuello grueso y el pelo ondulado contest: No. No busco a nadie. El mecnico volvi a agacharse sobre el motor y dijo: En la plaza de Wenceslao, en Praga, hay un hombre vomitando.

Otro hombre pasa a su lado, lo mira y hace un triste gesto afirmativo con la cabeza: Le acompao en el sentimiento. En las pocas en las que la historia avanzaba an lentamente, los escasos acontecimientos eran fciles de recordar y formaban un escenario bien conocido, delante del cual se desarrollaba el palpitante teatro de las aventuras privadas de cada cual. Hoy el tiempo va a paso ligero. Un acontecimiento histrico, que cay en el olvido al cabo de la noche, resplandece a la maana siguiente con el roco de la novedad, de modo que no constituye en la versin del narrador un escenario sino una sorprendente aventura que se desarrolla en el escenario de la bien conocida banalidad de la vida privada de la gente.

Ningn acontecimiento histrico puede ser considerado como bien conocido y por eso tengo que relatar hechos que sucedieron hace unos pocos aos como si hubieran transcurrido hace ms de mil: En el ao el ejrcito alemn entr en Bohemia y el estado checo dej de existir. En el ao entr en Bohemia el ejrcito ruso y el pas volvi a llamarse repblica independiente.

La gente estaba entusiasmada con Rusia, que haba expulsado del pas a los alemanes, y como vea en el partido comunista checo el fiel aliado de Rusia, le traspas sus simpatas. As fue que los comunistas no se apoderaron del gobierno en febrero de por la sangre y la violencia, sino en medio del jbilo de aproximadamente la mitad de la nacin.

Y ahora presten atencin: aquella mitad que se regocijaba era la ms activa, la ms lista y la mejor. Ustedes digan lo que quieran pero los comunistas eran ms listos. Tenan un programa magnfico. Un plan para construir un mundo completamente nuevo en el que todos encontraran su sitio. Los que estaban contra ellos no tenan ningn sueo grandioso sino tan slo un par de principios morales, gastados y aburridos, con los que pretendan coser unos remiendos para los pantalones rotos de la situacin existente.

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